Estás conviviendo con un pasivo agresivo?

La “agresividad silenciosa” es más común de lo que imaginamos, solo que no sabemos definirla porque pensamos que no nos afecta tanto como creemos. Te explicamos en qué consiste El comportamiento pasivo agresivo o la llamada “agresividad silenciosa” la podemos reconocer en la pareja, los familiares o los compañeros de trabajo; pero muchas veces preferimos pasarla por alto o no darle toda la importancia que se merece. Sin embargo, cuando una persona asume este comportamiento de manera frecuente puede sufrir un trastorno que está afectando sus relaciones interpersonales y su convivencia. El pasivo agresivo responde a un patrón de conducta marcado por conflictos de autoestima que pueden deberse a abandono en la infancia, inseguridad reforzada por malas experiencias en sus relaciones afectivas o comportamientos aprendidos, que se vuelven recurrentes. No es exclusivo de los hombres y puede darse en cualquier ambiente social. ¿Cómo reconocer a un pasivo agresivo? Un pasivo agresivo no expresa lo que siente cuando está enojado y esperará a que el otro le pregunte qué le pasa o le pida disculpas por algo que a  lo mejor no está seguro de haber hecho. El pasivo agresivo negará el conflicto o lo rechazará de plano porque tiene miedo de enfrentar la situación y prefiere mostrarse orgulloso. Es una persona dependiente pero tampoco lo reconocerá. Le gusta mucho sentirse cuidado y atendido por los demás, pero dirá que necesita independencia y autonomía y que nadie se preocupe por él o ella. De manera que, cuando no recibe la dosis de amor o atención que requiere, se mostrará visiblemente molesto. Esto resulta confuso para las demás personas, que lo identificarán como ambiguo, ambivalente o incoherente en la expresión de sus sentimientos. Como consecuencia de esta dificultad para expresar lo que realmente siente y quiere, el pasivo agresivo rehuirá de cualquier conflicto y es la típica persona que no contesta mensajes, hace como que olvida lo que le dijeron, no habla sinceramente y no presta atención plena cuando otra persona intenta confrontarlo. Pasamos entonces al victimismo. El pasivo agresivo es experto en “darle la vuelta a la tortilla” a cualquier situación para salir victorioso porque la culpa nunca es suya sino de los demás. Desconoce la autocrítica porque él o ella siempre estará en lo correcto y los demás están equivocados. Solo ve su propio dolor y su propio inconformismo pero carece de empatía para generar confianza en una discusión. ¿Cómo debo actuar frente a una persona pasivo agresiva?
  1. Dale tiempo. Si intentas hacerle ver que está equivocado, que el problema no está en los demás sino en él o ella, esto reforzará su agresividad silenciosa. Lo más eficaz es no darle tanta importancia a su actitud frente al conflicto y dejar que pase el tiempo. Su miedo al abandono y su necesidad de ser atendido, harán lo propio y lo impulsarán a dar el primer paso para hablar sobre lo sucedido.
  2. Toma distancia. En la misma línea del primer paso, lo segundo es alejarse. Entiende que es una persona con serias dificultades para expresar lo que siente pero que no puedes actuar como un redentor o redentora, porque entonces reforzarás su papel de víctima.
  3. Razona y habla. Cuando el estallido de la agresividad silenciosa haya pasado y ambos estén más tranquilos, intenta hablar de forma objetiva sobre lo sucedido; es decir, no caigas en acusaciones personales sino que intenta exponer la situación racional y objetivamente.
Si este comportamiento es recurrente y esta persona no escucha razones, es necesario que busque ayuda profesional porque puede estar manifestando un trastorno que requiere diagnóstico. Las personas pasivo agresivas van teniendo tantos problemas de convivencia que, llegará un momento en que la realidad de la soledad les haga cuestionarse a sí mismas sobre su propia actitud.

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